Farmakeus o E.T.A Hoffmann

El farmakeus es quien hechiza, es quien perturba la conciencia, volviéndonos irracionales a través de la escritura, uno de los escritores que se aproxima a esta función, es E.T.A Hoffmann. Se podría considerar como el farmakeus del movimiento romántico por los motivos que se van a describir a continuación. A este escritor romántico se le conoce por su cuento El hombre de arena, pero no tanto  por su obra Los elixires del diablo. El farmakeus es un término acuñado por Jacques Derrida, desempeña la función de hechizar, como se ha señalado antes, podríamos decir que todos los escritores nos seducen a través de lo que escribe. E.T.A Hoffmann no es el mago que sólo hechiza, sino que nos envuelve en una escritura fantasmal, es decir, sus personajes son voces fantasmales, son voces que se multiplican y se asumen en identidades que no es la de él. En realidad la posesión fantasmal es la escritura en sí, un ejemplo evidente, es el libro de Los elixires del diablo como se ha señalado antes.

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E.T.A Hoffmann, uno de los escritores fundamentales del romanticismo alemán.

Existen otros ejemplos en los que la alteridad es una posesión fantasmal, es un fármacon, como por ejemplo, los escritores Fernando Pessoa y Jorge Luis Borges. E.T.A Hoffmann no es pionero en serlo, pero sí en mostrar una escritura que se multiplica por dentro y por fuera. Es una escritura en la que nos perdemos, no sabemos quiénes somos, porque la escritura es un laberinto. El elixir es su escritura, pero también es la lectura que realizamos de su creación literaria, Los elixires del diablo.

E.T.A Hoffmann sería el portador del veneno que nos cura, o el mago que nos provoca una perturbación mental, es decir,  una pertubación no racional, que puede alterar la memoria y el recuerdo. El protagonista sufre esas consecuencias y nosotros también. El protagonista como otros personajes están construidos por estructuras verbales impregnadas de fármacon, nosotros nos adentramos en esas estructuras o redes llenas de fármaco y nos quedamos atrapados, al final de la lectura, se nos queda el rasto del veneno, un veneno que entra por nuestros ojos y que se queda en nuestro interior, multiplicándose hasta dejarnos perturbados.

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