Erase una vez unos cuentos al revés

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La sirenita de Copenhague de Edvard Eriksen

Quedan lejos los cuentos de los hermanos Grimm, esos tiempos en los que la intención de los relatos estaba más en moralizar y advertir, más que en un final feliz que agrade a todo el mundo y que provoque una sonrisa de satisfacción. En realidad no todos saben que los cuentos que narran a sus hijos son adaptaciones y no los originales, seguramente más de uno quedaría espantado por las versiones originales que no entran dentro de nuestros estándares éticos, como La Sirenita de Christian Andersen.

Cuentos de hadas

Es cierto que los «cuentos de hadas» como se suele llamar de manera típica, forman parte del imaginario colectivo hasta el punto de que al igual que en los mitos griegos entendemos que no existe una única versión de la historia y que todas ellas son válidas, que la misma veracidad tiene Hesíodo que Homero, es esto mismo lo que pasa con los cuentos, damos por satisfactoria cualquier versión y no con ello estoy diciendo que tengamos juicio crítico.

No parece que los tiempos en los que la bruja de Blancanieves moría al danzar con unos zapatos de hierro al rojo vivo vayan a volver y es lógico. Los tiempos cambian, con lo cual las historias se adaptan a esos nuevos tiempos, pero si es cierto que muchos escritores, dibujantes y directores, han optado por no seguir esa línea Kitsch que tanto ha arraigado en nuestra sociedad. Estos artistas han reescrito los cuentos, han dado un giro de tuerca a la historia y nos la han presentado como nunca antes la habíamos visto.

Aunque esto no se debe solo a que ellos hayan desechado esa esencia Kitsch que nos han vendido desde niños en el que la princesa se enamoraba por un síndrome de Estocolmo y a todos nosotros nos parecía correcto. Nadie parecía levantarse del asiento para decir: «¡Disculpe! Pero eso no es amor». Todos suspiraban mientras veían como una chica normal era encerrada en un castillo contra su voluntad, alejarse de todo esto no es lo único que han hecho para llevarse a su terreno estos cuentos. Hay otros muchos factores que influyen en el cambio de lo que entendemos por cuento clásico.

El cambio de narrador es algo que se está poniendo muy de «moda» la perspectiva del soldado anónimo número tres, del príncipe o incluso de la bruja. Es una técnica que renueva la visión de los cuentos. Profundizar en los personajes que antes eran planos y darles un pasado, una razón de ser, nos da la oportunidad de expandir la narración y crear un sinfín de historias.

También se pueden unir varias historias e ir entrelazando personajes. Es una apuesta interesante, pero para realizarla hay que tener destreza y cuidado. El protagonista de una puede ser el villano de otra y así continuar con una cadena casi infinita relacionando toda clase de cuentos, relatos y fábulas.

Otra técnica para darle una nueva perspectiva a un cuento clásico es el cambio de escenario. ¿Por qué no situarlo en un mundo postapocalíptico? ¿O en la actualidad? Con todo lo que eso conlleva. La idea de toda esta nueva visión reside en jugar con los clásicos hasta hacerlos propios, hasta que el lector o el espectador solo reconozca la esencia y el resto sea original.

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