El ensayo, un viaje al interior

El ensayo siempre ha sido un género difícil de definir, por ser en esencia libre, en él plasman y desarrollan los autores sus ideas. Es un género versátil y muchas veces injustamente olvidado por los lectores, que no se atreven por miedo a que la densidad del contenido les supere, pero ni mucho menos.

El ensayo es un viaje al interior de la mente. Muchos son los autores que muestran este avance de ideas, pero pocos han conseguido plasmarlo de manera tan elocuente como Octavio Paz en su obra El mono gramático. Ensayo, narración y poema en prosa. Una mezcolanza de gran complejidad de epigramas, paradojas lingüísticas y contenido filosófico.

The Fairy Feller’s Master-Stroke, de Richard Dadd

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Dentro de El mono gramático se encuentran tres vertientes, tres ramificaciones que se unen para formar el corpus de la obra, y estas tres características son: Lenguaje, naturaleza y arte. Por ellas, nos va guiando todo el camino el autor en nuestro viaje por Galta.

Muchos se preguntarán: ¿por qué el mono gramático? Paz habla de Hanuman, el dios mono, considerado uno de los avatares de Shivá, es un erudito pues domina las seis escuelas gramáticas, los cuatro Vedas y los seis shastras. Y en ese viaje a Galta habla indirectamente de los textos de Valmiki, el Rāmāyaṇa.

¿Qué es el camino a Galta? Tanto el camino, como el recorrido son reales, pero también metafóricos. El ensayo es un viaje al interior de la lengua por medio de la perspectiva dual de Oriente y Occidente, visión que se integra en gran parte de sus obras, sobre todo en sus poemarios. En este ensayo Octavio Paz nos describe el problema y las debilidades del lenguaje, que a veces no es capaz de describir la realidad, todo ello por medio de formas sensuales, forma esencial del texto, tanto el sexo explícito como implícito.

El ensayo nos captura con su lenguaje poético que tiene tres funciones: significación (abhidha), unificación o universalización (bhavana o bhavakatra) y realización (bhojakatra o bhoga). Si se penetra en la universalización, el ego desaparece, y nos sumergimos en lo impersonal. En eso consiste el dédalo de palabras que Octavio Paz ejecuta.

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