El Canon literario de Harold Bloom

El canon literario de Harold Bloom

Bien pensado, no es fácil encontrar un aspecto del concepto de Canon Literario Occidental que no se preste a la polémica. Las opiniones ajenas ya son lo bastante difíciles de digerir sin la presión de la autoridad en la nuca. Si compilas 26 nombres y los presentas como los autores determinantes de la historia de la literatura es inevitable que surja la crítica. Harold Bloom publicó El Canon Occidental en 1994, antecedido y sucedido por más obras eruditas de una solemnidad parecida.

El canon literario de Harold BloomEn cualquier caso, lo que se defienda es irrelevante. Si se hace desde la posición paternalista de Harold Bloom, no va a ser bien recibido. El problema es que, en realidad, no le falta razón. Cuando hay una mínima inquietud por el arte, surge la necesidad de señalar a los imprescindibles. Los que marcaron la diferencia. Para crear una base, una guía y para poder ridiculizarnos los unos a los otros y promover la vergüenza personal. Los escogidos en el caso de Bloom fueron: William Shakespeare, Miguel de Cervantes,  Jane Austen, Charles Dickens, Leo Tolstoy, James Joyce, Virginia Woolf,  y Pablo Neruda, entre otros.

Pero, a pesar de cómo se ha comercializado la obra, esta está lejos de ser una lista genérica o normativa. Es un texto que pretende infundir amor por el aprendizaje, con argumentos convincentes. Se busca unificar la cultura literaria y alejarse de la politización de la literatura. Por supuesto, no es posible que el establecimiento de una guía de las mayores obras de la tradición literaria occidental y de los escritores esenciales de todas las épocas y procedencias europeas y americanas pase desapercibido.

Bloom argumenta en contra de lo que él llama la «Escuela del Resentimiento», que incluye la crítica literaria feminista, la crítica literaria marxista, lacanianismo, el nuevo historicismo, deconstruccionismo y semiología. En esencia, todo los autores que Bloom acusa de sufrir de la ansiedad de la influencia de los que vinieron antes que ellos. Y que, incapacitados por la intimidación, se llevan la literatura al terreno político para desautorizar a los más míticos.

Por otra parte, también es cierto que el número de autores masculinos supera con creces al femenino y la diversidad racial es virtualmente inexistente. Puede que por eso Bloom se cubriera las espaldas con una defensa antes del ataque. Porque la propia queja se refuta sola con el argumento de desvincular el arte de lo político. Aunque el ataque vino de todos modos. Por un exceso de sensibilidad según los puristas. Por falta de representación y una imposición de la realidad blanca de clase media de los académicos en el caso de las escuelas de pensamiento . De todos modos, los textos de Bloom no son el evangelio. La responsabilidad de expandir horizontes está en el lector y por algún lugar hay que empezar.

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