Lengua, nociones para crear la tuya propia

En muchos libros de fantasía encontramos alguna lengua creada por los autores, pero esto puede ser un arma de doble filo. Hay que tener mucho cuidado con lo que se crea y cómo se crea. Dentro de la literatura existe un vínculo entre escritor y lector, una relación que se puede ver truncada si las expectativas de este segundo no se cumplen.

Cuando se crea una lengua hay que tener en cuenta muchas cosas. La investigación es primordial para crear la nuestra propia. Debemos tener un mínimo de conocimientos de fonética, fonología, semántica, gramática, etc. Es decir, lo que es sumergirnos en el estudio de la filología.

Crear una lengua es mucho más complejo que asignar unos grafos a unos fonemas determinados. Además debemos escoger bien las grafías. Por ejemplo, no podemos usar una escritura cuneiforme para una sociedad muy avanzada, y si pretendemos usarla deberemos darle una explicación al lector, algo que sea verosímil. Por ejemplo, no es lógico que en un pueblo del desierto que nunca ha visto la nieve exista una palabra para denominarla.

lengua

Sánscrito

También debemos preguntarnos cuál es la utilidad de la escritura en esa cultura a la que hemos dado forma. Damos por sentado que escribir se hace en papel, pero existen muchos materiales que pueden servirnos para componer esa parte tan importante de la fantasía que es una lengua. Los Quipus por ejemplo eran cuerdas anudadas que los Incas usaban para hacer recuentos, aunque muchos filólogos sostienen que podrían haberse usado como un sistema gráfico. Pero siendo menos complicados, encontramos materiales como el barro, el metal o la piel.

Debemos pensar en cómo se creó esa lengua y por qué, de dónde viene. Para ello nos puede ayudar ver los orígenes de la nuestra propia. Y no me refiero al Latín y al Griego, hablo de remontarnos más en el tiempo, hasta la lengua Indoeuropea. Eso nos dará una imagen global. Cuando la población se mueve, el lenguaje se mueve con ella y va influenciándose por lenguas de otros lugares.

Existen diferentes tipos de lenguas:

  • Lenguas Aislantes o Analíticas. Las palabras son monoformáticas y presentan muy pocos cambios derivacionales o ninguno. El caso que se siempre se pone de ejemplo es el chino.
  • Lenguas Aglutinantes. Son lenguas que crean palabras nuevas uniendo monemas independientes. Ejemplos de este tipo de lenguas es el turco, el vasco y el japonés.
  • Lenguas Flexivas. Este tipo de lenguas son aquellas que utilizan prefijos y sufijos, como con el español, el rumano y el portugués.
  • Lenguas Polisintéticas, que aglutinan muchos morfemas, como el esquimal.

Es interesante el caso de la lengua vasca, que mencionamos anteriormente: rodeada de lenguas romances y no viene del indoeuropeo. Este tipo de casos lingüísticos son los que debe observar un buen escritor y tomarlas para su propia obra. Por ejemplo, ¿cómo será la lengua de un pueblo que se dedique al comercio? ¿O cómo será la lengua de un pueblo aislado de todo contacto con otras civilizaciones?

La lengua es parte esencial de una cultura y no debemos descuidarla si nuestra intención es crear una cultura completa. Todos los detalles son importantes y pueden marcar la diferencia entre una buena obra y una gran obra.

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